Muchos emprenden por necesidad y descubren su pasión, pero sobre todo, se redescubren ellos mismos, como hacedores de su propio presente. La historia de Leandro es una belleza y la compartimos también por el nombre que eligió para su negocio: “Vivero el luchador“. Lo dice todo.

Leonardo Murillo tiene 41 años, es de Llavallol y al momento de decretarse la cuarentena trabajaba como seguridad en boliches y cuidaba artistas como custodio personal. “Me quedé sin trabajo, me puse muy mal. Estuve dos meses en el fondo del mar y recibía ayuda de la gente del barrio. Hasta que agarré una changa como ayudante de albañil junto a un vecino y con lo que gané compré 50 vasitos de café con suculentas. A la mañana siguiente vendí todo, compré más, traje tierra fértil, cactus y algunas plantitas”, aseguró a Crónica el hombre, que encontró la manera de reinventarse en un momento complicado para la economía argentina.

Unos amigos me empezaron a hacer conocido en las redes sociales como ‘Vivero El Luchador’. Entonces le pedí un saludo al reconocido Vicente Viloni para que me promocione. Así fue que gente de todos lados de la provincia de Buenos Aires comenzó a contactarme”, señaló Murillo, que cada Navidad tiene un hobby solidario: disfrazarse de Papá Noel y llevarle regalitos a los chicos internados en el Hospital Gandulfo.

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“Con lo que fui ganando en estos días pude pintar parte de la casa y arreglar la vereda, donde suelo ofrecer todo lo que vendo. Mi sueño el día de mañana es poner un vivero grande”, detalló, y agregó: “A la gente le diría que se animen, que aprovechen a invertir aunque la situación esté mal. Así como yo pude salir adelante, todos pueden hacerlo. Yo arranqué con $2.500 y ahora sueño con poner un vivero grande. Es cuestión de constancia y sacrificio”.

Fuente Diario Crónica



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