Donde hay una necesidad, hay cientos de soluciones que pueden resolverla. Es lo que pensó  Grigori Lup cuando  tuvo que suspender a sus diez trabajadores después de que se interrumpieran bruscamente los encargos. «De repente, la gente dejó de entrar a mi negocio», cuenta el zapatero desde su taller en la ciudad de Cluj, Rumania

Sus clientes provenían de teatros, óperas y grupos de baile populares que vieron interrumpida su actividad debido a la prohibición de actos públicos decretada por las autoridades para contener la pandemia. «Vi que no entraba nadie y me dije, basta, tengo que cerrar».

Fue allí donde vio una problema y pensó una increíble solución «Nadie respetaba la distancia social y pensé: voy a hacer tres pares de estos zapatos, los pondré por internet y los llamaré zapatos de distanciamiento social para llamar la atención», explica Lup, que reconoce que al principio fue todo «una especie de broma».

Y así empezó a hacer estos zapatos gigantes que garantizan a quien los lleva que nadie se acerque más de lo necesario.

Como todos los que produce en su taller, estos zapatos de apariencia estrafalaria están hechos a mano y son de piel natural.

UN DISEÑO INCREÍBLE Y ACTUAL

Los zapatos son de un número normal en la parte posterior en la que debe de meter el pie el cliente. Lo excepcional viene cuando terminan los dedos, donde empieza una punta rellena de un material ligero, como la suela, que equivaldría a un número 75 de pie. «Si dos personas que llevaran mis zapatos se pusieran una enfrente de otra habría una separación entre ellas de cerca de un metro y medio», explica Lup, que vende cada par de «zapatos de distanciamiento social» a unos cien euros.

Lup ha recibido ocho encargos procedentes de Rumanía, Inglaterra y Canadá desde que numerosos periódicos y televisiones de Rumanía y otros países se hicieran eco de su iniciativa. Algunos de sus clientes le han dicho que piensan llevarlos por la calle, mientras que otros los utilizarán en espectáculos artísticos de temática cómica. «Me llamó una persona de Inglaterra y me dijo que quería unas botas de distanciamiento social. Le enseñé estas botas y le pregunté: ¿son para una obra de teatro? Y me dijo que no, que su marido le había dicho que quería ir por la calle con ellas».

Lup nació en una familia modesta de la Rumanía rural y lleva haciendo zapatos a mano desde 1949, cuando tenía 16 años y entró a trabajar como aprendiz con un zapatero de Cluj.

El caso representa un modelo de reinvención donde adapta un producto ya existente a la nueva normalidad. Y logra, por un lado difusión gratis en los medios, lo que ya es toda una ganancia, y al mismo tiempo inaugura una nueva moda. Lo estrafalario pero seguro.

Al fin y al cabo, una broma se transformó en el comienzo de un nuevo modelo de negocio. Pensar lo disparatado, lo increíble y hasta lo insólito es un camino para crear productos pandémicos. Prueba con tu negocio, e inventa 3 usos disparatados y prueba qué dicen tu clientes.

Por Gonzalo Otálora

En base a un artículo de la agencia EFE


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