¿Cómo decidiste ser microemprendedor?

Mi pasión empezó en el 2007 con la búsqueda de herramientas para reducir la pobreza en Perú y Latinoamérica. Fue así que me topé con el modelo de microfranquicias. Me contactaron un grupo de estadounidenses que vinieron de Silicon Valley, California y Utah y habían aplicado el mismo modelo en África y en Asia (precisamente en la India)  para reducir la pobreza en esos continentes.

Yo tenía un blog sobre esta problemática y  a partir de él  generamos  la primera red de microfranquicias de taxis en Perú. Todavía no existían los smartphones ni Uber y ayudamos a mucho a taxistas de las calles a formalizarse con este modelo.

¿Cómo funcionaba el sistema?

Agrupamos a microemprendedores de taxis y les pusimos una marca en común, un uniforme y a los vehículos los identificamos igual. Creamos una marca en ese entonces que se llamaba Taxi Excel y cada uno de estos microempresarios tenía un manual estandarizado de cómo brindar el servicio de transporte en las calles. También damos servicios a gerentes, directivos de bancos, de mineras y de diferentes industrias.

¿Cómo fue la transformación de los microempresarios?

Al comienzo tuvimos que cambiarle el chip ya que muchos de ellos no estaban acostumbrados a usar un uniforme, a bajar del auto, a abrirle la puerta al cliente. Es decir, no estaban acostumbrados a dar al cliente un servicio de calidad o estandarizado.

Nosotros les brindamos distintas capacitaciones e hicimos manuales de procesos para que ellos sepan qué hacer en cada momento de la cadena de valor de su negocio.

¿Cómo repartían la facturación?

Teníamos un call center donde recibíamos las llamadas de los clientes. En ese momento teníamos GPS y sabíamos dónde estaban ubicados y según la distancia los derivábamos a los clientes y ellos, obviamente, ganaban el mayor porcentaje del viaje. Era el 80% para ellos y el 20% para la franquicia.

También esos taxistas obtenían a través de nosotros un microcrédito para ir haciéndose dueños de esa unidad vehicular porque muchos suelen ser alquilados.

¿Qué otro ejemplo tenés de transformación?

Al norte de la capital del país, en Huacho, trabajamos con mujeres productoras de yogurt artesanal. Llegamos a esta comunidad y cada una de estas mujeres hacía su propio sabor y las ayudamos a asociarse y a generar una marca colectiva y ahora ayudamos a que ellas aumenten su producción un 20% e inclusive esa marca, que tomó el nombre de su comunidad, ayudó a promover el turismo.

Le cambiamos el chip, hicimos que estandaricen los procesos y salgan al mercado con un producto de valor.

¿Cómo estandarizaron el sabor del producto?

Hicimos varias fórmulas y escogimos sólo 2 sabores: la fresa y la guanábana. Esos eran los sabores presentes en la comunidad y que se eligieron luego de un focus group.

¿Cómo está el modelo de microfranquicias en América Latina?

En el 2007 cuando empecé con este modelo yo ponía la palabra en Google y sólo salían 2 resultados. Hoy en día surgen muchas más opciones y casi todos los países de la región tienen un programa de microfranquicias apoyados por sus propios gobiernos y por empresas privadas.

Ha crecido mucho este sistema y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) considera a la microfranquicia como una de las mejores herramientas para reducir la pobreza.

¿Cuántas microfranquicias lograste crear en Perú?

Hemos creado 30 asociaciones en diversos rubros con pescadores, agricultores, ganaderos,  personas que se dedican a fabricar uniformes para los colegios y pequeñas bodegas, por ejemplo. Siempre ayudando a fortalecer las cadenas de producción de estas Pymes. En Perú el 85% de las empresas son Pymes y entiendo que el mismo fenómeno pasa en todos los países de la región. Entonces creo que este modelo ayuda a la producción local y hace, en muchos casos, que puedan exportar.

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