Andrés se fue un viernes a la noche de la empresa junto a su padre y el lunes siguiente el destino lo obligó a ocupar el lugar de jefe y ser él quién abriera la empresa.

En el medio de su inesperado duelo se dijo a sí mismo: “Esto tiene que seguir”

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Los comienzos de Andrés en la empresa no fueron fáciles, se apoyó en quienes más confiaba y conocían las ideas de su padre: “Mi viejo dejó algo armado y había que seguirlo”

A su dolor personal y poca experiencia se le sumaron dos grandes frentes de batalla: uno de los proveedores principales los abandonó y el sindicato exigía una nueva negociación salarial, sin estar todavía definida la nueva postura de la empresa.

De a poco Andrés y su equipo pudieron resolver los conflictos, siempre apostando a invertir en el país, renovando maquinaria y lanzando una nueva línea de producción.

El futuro los encuentra con nuevos proyectos, afianzados con clientes y proveedores y con un Andrés que tiene la certeza de que su padre estaría orgulloso de él.

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