Los comienzos no fueron fáciles, como Martin admite, subestimó la actividad de fabricar creyendo que ya lo sabía todo al conocer el negocio de la distribución.

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Empezó con el apoyo de un amigo, sin saber que un problema tan grave como no encontrar el conservante adecuado podría terminar con el sueño de la fábrica propia y al mismo tiempo con la amistad.

Antes de perder a su amigo, Martín prefirió quedarse solo y volver a repartir para sostener su fábrica. “Lloraba junto a las maquinas”, eran tiempos difíciles.

Con la ayuda de un proveedor superó el problema de los conservantes, al mismo tiempo que su hermano se sumó a la empresa y aporto su experiencia de fabricar tapas de empanadas. Pero la relación se volvió muy difícil y las diferencias hicieron que Martin atravesara una segunda ruptura.

Estaba solo, con deudas y con la necesidad de crecer, que solo podía concretarse con una mudanza. Justo cuando todo empezaba a encaminarse tenía que arriesgar una vez más.

La apuesta valió la pena, Martin saldó las deudas con su hermano, se amplió y hoy avizora un crecimiento de la mano del lanzamiento de nuevos productos.

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