Llega una nueva generación de Historias. De emprendedores que se inspiraron, aprendieron y se animaron a dar el gran paso de su vidas. Y lo hicieron tomando como ejemplo las historias que contamos. No da un enorme placer y orgullo presentar el caso de Alfajores Cla Lafquen

Es un emprendimiento en la ciudad de 9 de Julio (provincia de Buenos Aires). El negocio está creciendo a pesar de la pandemia.

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Mariángeles Perazzo es su fundadora. En junio de 2019 comenzó su aventura. Decidió dejar su trabajo en la portería de una escuela pública y montar algo por su cuenta.

La gente me decía “¡Estás loca! ¿Cómo vas a dejar un trabajo que es seguro?”.

Mariángeles: yo tenía la necesidad de emprender, de hacer algo para mí, de independizarme. No sólo para mejorar económicamente, sino también para crecer como persona.

Tomó sus ahorros, el último sueldo y los aguinaldos. Hizo una compra y montó junto a su esposo una pequeña “regalería” en el porche de su casa.

Mariángeles: en 4 meses el negocio se fundió. Nos quedamos sin mercadería y no teníamos dinero para reponer. Hicimos de todo para poder remontarlo, pero no hubo caso.

Tuve que tomar una decisión. Volvía a la escuela, trabajaba en otro lado de empleada o inventábamos otra cosa.

Tenía en la cabeza desde hace ya varios años hacer alfajores. Me parecía que a 9 de Julio le faltaba tener un producto regional, algo que nos identifique como ciudad, algo para regalar.

¡Me puse a hacer alfajores! Compré las cosas, hice 5 docenas y salí a regalarlos por el barrio. El alfajor gustó en 9 de Julio. De a poquito nos fueron conociendo y cuando me di cuenta ¡estábamos en ocho comercios!

Gustavo Albano, su esposo, trabajaba en un taller. Para ese tiempo ya pasaba más tiempo con el negocio de los alfajores que en su otro trabajo. “No podía hacer las dos cosas, y esta era la oportunidad para tener un negocio familiar”.

Avanzaban tan rápido que pronto se dieron cuenta de que necesitaban a una persona más. Incorporan a su hijo Martín, quien trabajaba desde hacía 6 años en una estación de servicio.

Mariángeles: al final mi hijo se decide, deja la estación y a la semana ¡pandemia!

Fue terrible porque cerró todo. Estuvimos 15 días con las ventas muy bajas. Algunos negocios dejaron de comprarnos. No sabíamos qué hacer porque toda la familia estaba viviendo de esto.

Continuaron trabajando con todas las precauciones y pronto comenzaron a vender más de forma particular.

El teléfono no dejaba de sonar, parecía que la gente al estar encerrada tenía más ansiedad. Nosotros trabajamos desde las 5 de la mañana hasta las 12 de la noche ¡Era una locura!

La casa era un caos. Los chicos no tenían lugar donde estar, les hacíamos poner cofias desde que se levantaban. No tenían vida, no podíamos estar más ahí. Decidimos salir de casa.

Conseguimos lugar a dos casas de la nuestra. Alquilamos y nos fuimos a trabajar ahí. Vendimos todo lo que teníamos y nos lanzamos a comprar la primera máquina, la primera bañadora.

El trabajo estaba dando frutos e incluso lograron tener ahorros. Y de repente ¡se rompe la máquina nueva!

Mariángeles: Otra vez para atrás…pero no bajamos los brazos. La arreglamos y la tenemos en marcha.

¡Ahora vamos por más! Queremos tener la fábrica en un espacio que tenemos en casa y necesitamos una habilitación nacional para poder expandirnos.

Tenemos muchos sueños ¡proyectos! Creo que con el tiempo lo vamos a lograr. Porque todo lo que uno se propone, si es perseverante, lo consigue.


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