Cómo volver a empezar en cualquier instancia de la vida. Gonzalo Otálora entrevistó a Leo Piccioli, un claro ejemplo de cambio trascendental. De gerente general de una multinacional a empezar de nuevo como emprendedor, conferencista y escritor.

Cómo hizo para dar el gran salto, ¿lo planificó?, ¿se dió de casualidad?, ¿cuáles son las herramientas o pasos que él siguió para pivotear con éxito un cambió tan drástico?

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Gonzalo Otálora: Cuéntanos, estabas en un puesto al que muchos anhelan llegar durante toda la vida ¿qué te llevó a dar esos cambios?

Leo Piccioli: Mi salida fue el 30 de septiembre del 2016, pero mi proceso comenzó 4 años antes…

Después de muchos años de carrera siempre esperaba al próximo ascenso como el momento de la felicidad. Cuando me ascendían era “feliz”.

Iba con un auto nuevo, lo disfrutaba, pero una semana después me empezaba a dar cuenta de que en verdad no era el único que tenía ese auto y de repente no era tan feliz. Ahora esperaba el próximo auto.
Era lo mismo con el puesto, la tarjeta, con la plata. Y no solamente con cosas materiales, sino con cosas que tienen que ver con el ego.

En algún momento empecé a sentir que me cansaba eso y aprendí que antes de mirar el pasto del vecino hay que mirar el propio. Invertí mucha energía en regar mi propio césped, en regar lo que tenía antes de cambiarlo. Traté de mejorar. Eso hizo que me quedara 4 años más.

-¿Qué cosas hiciste para mejorar?

Una cosa que hoy entendemos mucho mejor. Prácticamente forcé a mi jefe a dejarme hacer teletrabajo. No fue una charla de un día, fue una construcción.

Si vos estás de acuerdo con que yo vaya cuando considere conveniente ir, yo me ocupo de que todo salga bien. De que sea indiferente”.

Al principio fueron dos días por semana, luego tres. Después me hice cargo de Brasil y viajé allá mucho menos de lo que tradicionalmente se hubiera ido, porque ya estaba acostumbrado a liderar remotamente.

Mejoré mi estándar de vida sin pedir un centavo más, sin mudarme, ni cambiar de auto.

Empecé a tomar cursos, algunos los ofrecía incluso la misma organización. Y empecé a construir relaciones.

Me pasó una cosa interesante en LinkedIn: antes de irme logré que me aceptaran todos los gerentes generales a los que contacté. Lo hice siendo gerente general.

-Preparaste tu salida Creaste tu red de contactos antes de irte…

Un año antes de irme empecé a contactar, a construir relaciones. Yo soy un poco introvertido, medio ermitaño. Entonces con disciplina me esforcé a hacer todo eso.

También era muy tímido y no me animaba a hablar en público. Me esforcé a entrenar todo lo que pudiera. Hice capacitaciones de oratoria en Argentina y Brasil. 

Yo mismo capacité a empleados sobre cómo hablar en público. Es el extremo. Como dicen: “si querés aprender de algo leé, si querés realmente saber mucho enseñalo o escribí un libro”.

Hay un montón de cosas que se puede hacer todo el tiempo. No nos limitemos.

La clave es entender que tenemos que jugar a largo plazo.

-…transitar de un proceso de reinvención sin urgencia, como un futbolista que no sabe cuándo se va a retirar pero sabe que no le queda mucho…

Veía la salida cerca porque estaba cansándome. Yo disfruto mucho laburar y disfrutaba menos, estaba tomando menos valor.

Es verdad que no fue de golpe sino que fue ordenado y es como aconsejo hacerlo.

Hoy invento cosas todo el tiempo. Estoy haciendo “vivos” en Instagram en un momento en el que no hay nadie, a las 7 de la mañana.

Y hablando de reinvención…en uno de esos vivos surgió la idea de tomar el control de la situación. ¿Cómo estar listo si en algún momento te echan?, ¿si tu industria o tu empresa desaparece o no puedes seguir trabajando?

La clave la dijo alguien en el “vivo”: asumí que te echan hoy.  ¿Qué haces si te echan hoy?, desesperate un ratito y pensá. Es mucho más fácil pensar tu reinvención cuando no la necesitas que cuando estás desesperado.

-Cuando trabajaba en “Ideas Del Sur” era productor y me daba cuenta que estaba harto. Me peleaba con todo el mundo. Un día dije: en un año renuncio. Solo el hecho de pensar que el próximo año renunciaría cambió mi perspectiva. Relajó todas mis relaciones porque me preparé mentalmente…

Al tomar esa decisión un año antes te abriste un menú de opciones, tomaste el control. Si me voy o me quedo es una decisión que tomaré más adelante, pero si me voy no va a ser tan terrible.

El aprendizaje es que tenemos que tomar el control. Tu laburo va a desaparecer, tal vez en un año, tal vez en 500. Tenemos que asumir que cada cosa que hagamos va a desaparecer. Tenemos que prepararnos y tener un plan b.

Yo trataría de hacer sentir la necesidad de reinventarse a todo el que sienta que no lo necesita. Forzaría un poco de susto, un poco de esa energía que surge del miedo.

Después la quitamos, no vamos a vivir con miedo. Lo usamos para escribir en un par de días todas las ideas que podrían ser.

Es importante porque el momento de desesperación es el peor momento para pensar. Estamos sufriendo, desesperados, hundidos. El momento para pensarlo es antes.

Recuerdo la crisis del 2001. Por entonces trabajabamos con un brasileño que no paraba de decir “en marzo se viene una crisis, prepárense”. Al principio no hicimos caso pero después nos preparamos.    Armamos un plan y nos permitió actuar mucho antes que cualquier otra empresa porque apenas vimos un poco de humo a lo lejos identificamos lo que estaba pasando.

Me parece que está bueno meter “futuros alternativos” en nuestras conversaciones. “Qué pasaría si…”, jugar un poquito con eso a mí me resulta.

Los tres escenarios de esta pandemia

-En mi libro puse dos cosas que le digo a los emprendedores o empresarios cada vez que hablo con ellos. Por un lado: sin importar tu realidad, debes pensar en tres escenarios. El optimista, el pesimista y el trágico. Debes tener una opción para cada escenario. No pienses que el Estado o los bancos te van a salvar.

Lo segundo es: el que se queda quieto pierde, movete. Es mejor estar en movimiento que estar quieto.

Coincido infinitamente con eso. No solamente es moverse, no solamente es pensar que otro no te va ayudar. Es ser conscientes del poder que tenemos.

El sueldo mensual es una especie de vicio. Hay una frase muy famosa que está de moda de Nicholas Taleb de “El cisne negro” que dice: “Las tres peores adicciones del humano moderno son la cocaína, los carbohidratos y el salario mensual”.

Está buenísima, porque el salario mensual genera esa adicción que te hace decir: “me estoy gastando el 101% de mi salario, no me puedo ir, no puedo correr riesgos”. El modelo de mercado capitalista funciona así.

Como en cualquier adicción, es importante tomar el control.  La forma de hacer eso “es otra pata de mi reinvención”: unos años antes de irme tomé control de mis inversiones.

Empecé un excel que se llama “Años sin trabajar”.  Tengo tres niveles de gastos: normal, ajustando un poco y “tragedia”.

Ahí pongo el dinero que tengo, dividido en cada uno de esos tres niveles y me da cuánto tiempo tengo para poder vivir sin trabajar.

Al hacer eso tomé una conciencia tremenda de para qué estaba ahorrando. Y cambié bastante rápido lo que estaba haciendo con mi dinero. Hacerme cargo de eso y no estar en piloto automático es de las decisiones más importantes que tomé. Hoy lo agradezco infinito.

Un tip que alguien me enseñó es que solemos ver al ahorro como “el dinero que queda después de los gastos”. El secreto es verlo al revés: los gastos son el dinero que queda después del ahorro.

Si te llega un ingreso y te planteaste ahorrar 20% por mes, ahorra el 20% y después te arreglas para vivir con lo que queda. Te ajustás en el gasto, no en el ahorro.

Aunque el ahorro en este país es un desafío. Tal vez el ahorro es en tu caso comprar un equipo de filmación o tal vez tomar un curso.  No es siempre tener la plata guardada. Ahorro es tener algo que te dé valor a largo plazo.

Invertir en vos

-Dos días antes de estallar la cuarentena lo que hice fue comprarme mi set de youtuber. La camarita que me compré a 6.000 hoy está 35.000…me rindió mucho más que comprar dólares.

Alguien me dijo una vez: “invertí ridículamente en vos”. Para mí estos equipamientos son inversiones. 

Esa es la clave. Una cosa es comprar un micrófono para grabar un jingle que te cubre el gasto. Pero es mucho más dinero si comprás el micrófono para todo lo que podés hacer con él a largo plazo.

Por ejemplo, con un podcast por sí mismo es difícil ganar dinero. Pero no te imaginás la cantidad de libros físicos que vendí por tener mi libro gratis en el podcast.

A veces nos han educado con la idea de que tenemos que obtener el ingreso rápido por las cosas que hacemos y no es así, es compuesto.

-¿Cuando estabas en ese proceso de irte de la multinacional tenías claro en que iba a pasar todo esto?

Cero. Es todo una mezcla para mí.

Por un lado está la charla famosa de Steve Jobs en Stanford donde decía: “un día te vas a dar vuelta, vas a unir todos los puntos y vas a entender que todo tuvo un sentido”. Y después están otros que dicen: “no es al final que te das cuenta. Vos tenés que planificar ahora y definir todo el camino para verlo cumplido al final”.

Para mí es la mezcla de las dos. Busqué algunas cosas, pero un montón de cosas me fueron pasando y las fui abrazando. No es tan lineal, ni tan aleatorio.

En mi caso, apenas me fui me empezaron a pedir ayuda para conseguir laburo. Como quería ayudar empecé a mirar currículums y dar feedback. Tres veces lo hice y tres veces el feedback fue igual. Después vinieron otros diciendo: “tengo una entrevista ¿cómo voy vestido?”. Tres veces conteste lo mismo.

Al primero me encantó responderle, al segundo me gustó, pero al tercero digo “¿otra vez sopa?”. Bueno, hice un curso gratis por mail que hoy lo habrán hecho 9.200 personas.

Eso que era una molestia se convirtió en algo automático que me permite ahora contarte con orgullo que 9 mil personas hicieron el curso y lo siguen haciendo.

Me ha pasado que me bajo del escenario de una empresa donde di una charla y se me acerca gente diciendo: “Leo, yo te sugerí para dar esta conferencia porque conseguí este empleo gracias a vos”.

Yo ayudo a 9 mil personas a conseguir laburo y algún momento van a tener un laburo dónde van a poder hacer algo por mí sin que yo les pida nada.

La gente que recibe valor gratis confía automáticamente (si es valor de verdad).

Si les enseñas a sumar gratis, cuando quieran aprender a multiplicar van a preguntarte a vos. La gente le cree más a los hechos que a las palabras. por eso tampoco me preocupo tanto por mi marketing.

-Las historias que se cuenta a partir de los hechos convierten al relato de marca en algo sólido, coherente y consistente…

Así como vos contás tus historias, es como yo escribo también. Cuando escribo no me presento como un experto.   Voy directo y te cuento algo que me pasó o que le pasó a otra persona de mi confianza, algo más concreto, más atractivo. Porque estamos compitiendo todo el tiempo por la atención del potencial cliente.



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