A principio de la década del 80, una empresa decidió implementar dos innovaciones que para el época parecían suicidas: Implementar un sistema que nadie conocía, como las franquicias y romper con un paradigma: Lavar la ropa fuera de casa. Ellos revolucionaron la industria.

 

La historia de la primera franquicia Argentina

 

Laverap abrió su primer local en la ciudad de la Plata, luego en Mar del plata y tiempo después en Buenos Aires. Les llevó varios años romper con la predicción de la mayoría: Nadie Lavará su ropa fuera de casa. Hoy Laverap tiene más de 1450 franquicias en todo el país y sobrevivió a la crisis, adaptando el negocio.

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Entrevistamos a Guillermo Loiacono, gerente de ventas de LaveRap; a uno de sus primeros franquiciados Carlos Sabio,  y a Ángel Zárate, el último franquiciado de Lave-Rap. Ellos cuentan los secretos de cómo cambió el negocio, cómo evolucionó y cómo eran las franquicias en sus comienzos.

– Gonzalo Otalora: ¿Cómo fue el comienzo de Laverap?

– Guillermo Loiacono: Fue por los 80 – 81 cuando empiezan los socios fundadores con la idea de importar el formato de la lavandería automática Americana a la Argentina, algo que no existía hasta ese momento, y se basaron el formato de franquicias para reproducirlas.

– Gonzalo: Es decir, no existía el formato de franquicias ni el de lavandería en Argentina.

– Guillermo: Exactamente. Ninguna de las dos cosas eran como tal, como lo son ahora. En aquel momento, las lavanderías eran Europeas, como si fueran tintorerías para ropa especial; la ropa regular se procesaba en casa. Así lo decía el paradigma de ese momento. Y ese paradigma hubo que vencer, llevó un par de años hasta que se popularizó el sistema.

– Gonzalo: ¿Cómo fueron los primeros momentos?

– Guillermo: La empresa nace en La Plata. Es una empresa Platense, los socios eran Platenses y empezaron con los primeros locales allí. Al tiempo se abrieron los primeros locales en Mar del Plata, esto le dio visión Nacional al negocio. Después se instalaron los primeros locales en Capital Federal.

– Gonzalo: ¿Cómo fue abrir el primer local de Capital en los años 80 y cambiar el paradigma?

– Guillermo: Era en la calle Marcelo T. de Alvear y habitualmente eran locales que no tenían público. Al principio la gente lo veía como algo raro. Empezaron a hacer promociones: unos días servicio gratuitos. Esos días el local se llenaba, al día siguiente no había nadie. Era extraño ir a lavar la ropa donde uno la lavó antes. Había mucho prejuicio que con los años se venció.

– Gonzalo: ¿Cómo eran las máquinas que habían importado?

– Guillermo: Llevó tiempo ponerlas en funcionamiento por esto que no se podía lograr la reproducción en los negocios como se había pensado, hasta que después estalló. Los primeros dos años fueron de batallar.

– Gonzalo: Laverap innovó en la Argentina, pero ¿qué pasaba cuando le hablabas a alguien y le planteabas abrir una franquicia?

– Guillermo: Primero preguntaban ¿cómo es eso? ¿Qué es eso? ¿De qué estamos hablando? Había que explicar que era el formato de reproducción de un negocio ya aprobado y esto llevaba un tiempo. Facilitó que la gente confiara en el sistema porque estaba basado en un negocio que era ampliamente exitoso, rentable, con buenos márgenes y que perfectamente al que abriera su primer negocio le era un modelo de fácil reproducción.

– Gonzalo: Carlos Sabio es uno de los primeros franquiciados, ¿cuándo arrancaste?

– Carlos Sabio: Sí, arranqué finales de los 80: entre el 88 y 89.

– Gonzalo: ¿Qué pasó cuando te hablaron sobre una franquicia?

– Carlos: No sabía nada. Tuve que pedir que me explicaran más de una vez y me asesoré. Descubrí que en otros países, donde ya funcionaba el modelo similar, estaba muy bien instalado, funcionando bien y dando rentabilidad, que es lo que yo buscaba en ese momento.

Me atendieron perfectamente, no entendía muy bien, así que volví más de una oportunidad, recorrí algunos lugares para ver cómo funcionaban, hasta que me decidí y puse uno.

– Gonzalo: ¿Cuánto tiempo te llevó la decisión de invertir? ¿Cuánto pagaste en ese momento?

– Carlos: Decidir me habrá llevado hasta tres meses, porque vi más de un modelo, vi más oportunidades que no tiene que ver con esto pero me llamó la atención porque era novedoso sobre todo.

No me acuerdo cuánto pagué, pero sí que tuve facilidades. Me dieron  un plan, un crédito que habrá sido de dos o tres años hasta que terminé de pegar. La verdad, no lo sentí porque funcionó desde principio muy bien y pude cancelar sin darme cuenta.

– Gonzalo: Sos el último franquiciado, ¿hace cuánto que abriste?

– Ángel: Va a ser dos meses y no sabía que era una franquicia.

– Gonzalo: ¿Cómo te enteraste que es una franquicia? ¿Cómo llegaste a abrir una franquicia de Laverap?

– Ángel: Me empezó a interesar como un nuevo emprendimiento porque me pareció una buena alternativa.

– Gonzalo: ¿Qué viste puntual que te interesó?

– Ángel: Que no se necesita demasiada gente para movilizarse, puede ser como una empresita de familia y yo trabajo con mi esposa.

– Gonzalo: ¿Cuánto sale hoy abrir una franquicia de Laverap?

– Guillermo: La franquicia no cuesta nada, es una franquicia gratuita. Mantuvo la línea de como abrió los primeros años, es decir, no hay canon de entrada. La inversión inicial es del costo real de comprar el equipamiento y hacer los trabajos técnicos del local y ahí podemos calcular tres módulos: el minirraap, que tenemos hace mucho tiempo y es el más pequeño, con una inversión de menos de 14 mil dólares; después está el módulo completo, que ya son con ocho máquinas, para procesar el doble de trabajo, con un formato no cuentapropista, es decir, para un inversor que no toma rol activo dentro del local; por último, está el módulo que cuenta con cinco lavadoras y cinco secadoras, incluyendo equipos con doble cargas para prendas voluminosas, con una inversión alrededor de los 45 mil dólares.

– Gonzalo: Laverap tiene 1450 locales en todo el país, ¿hay espacio para crecer?

– Guillermo: Sí, hay espacio porque especialmente en muchas zonas va cambiando la densidad. En estos barrios donde se construye hay demanda del servicio; ya es un servicio base. Hay que tratar de no saturar la zona, dando protección a nuestros locales, etc.

– Gonzalo: ¿Cuál fue el momento más difícil?

– Carlos: Uno de los más difíciles fue en el 2001, que cayó muchísimo y costó mucho sostenerlo. Tuve que hacer una especie de achique, porque los costos fijos me estaban consumiendo. Me vi obligado a trasladar a un local más pequeño. Esa fue una de las maneras de poder seguir, a pesar de la crisis.

– Guillermo: Esto, también, tuvo que ver que se fue modificando el formato de las lavanderías, dejando de lado la función de autoservicio, la gente se venía a lavar su ropa, por un formato de prestación de servicio. Los argentinos queremos que alguien nos lave la ropa, no queremos lavarla nosotros mismos. Esto ayudó a pasar la crisis del 2002.

– Gonzalo: ¿Cómo atraviesa Laverap este momento de crisis?

– Guillermo: Básicamente, tratando de profesionalizar cada día más el servicio. Notamos que con los años fueron apareciendo alternativas menos profesionales, y a veces en épocas de crisis uno privilegia a gastar un centavo menos pero a la larga empieza a faltar servicio de calidad que es el nicho que Laverap siempre quiso enfocar.

– Gonzalo: Con servicio de calidad, ¿Qué abarca?

– Guillermo: Servicio de lavado, de atención al cliente y de la tecnología, porque cada vez es más importante tener equipamientos de tecnología de punta que te permita consumir menos energía en general. Más allá de cuidar el planeta tiene que ver con un costo económico, también. En esta actividad, contar con tecnología de punta es fundamental.

– Gonzalo: Con el cambio de la tarifa de electricidad, ¿tuvieron que hacer un ajuste tecnológico para bajar los costos?

– Guillermo: Tenemos el apoyo de una empresa internacional que es nuestro proveedor de equipos y trabajan constantemente en este tema: bajar costos sin perder, es decir, bajar costos de funcionamiento con equipos que mantengan la confianza de siempre. Hay gente que tiene equipos de hace más de 20 años.

– Carlos: Tengo equipos que tiene más de 25 años y todavía están funcionando. Los equipos son de mucha durabilidad con buena mantención.

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