Se trata de la primera fábrica de vehículos eléctricos de Sudamérica que, contra todo pronóstico, se está ganando un lugar en el mercado y está a punto de patentar sus primeros autos. La empresa plantea un nuevo concepto de movilidad que no consume hidrocarburos, no contamina, tiene pocos gastos de mantenimiento y es ideal para transitar por la ciudad.  Es una apuesta al futuro con una gran base del pasado.

ALIMENTAR UNA PASIÓN

Desde muy chico Pablo sintió pasión por los autos y fue gracias a su dedicación y perseverancia que logró formar una empresa de la que hoy se siente orgulloso. “Desde los 12 o 13 años que me llama la atención la parte mecánica de los vehículos y siempre tuve la inquietud de producir algo distinto en la industria automotriz”. Si bien sus comienzos laborales fueron vendiendo abrasivos y luego lo llevaron a montar una fábrica de iluminación desde cero, la idea de involucrarse con los autos nunca dejó de darle vueltas en su cabeza. Por el contrario, se hizo mucho más firme.

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“Cuando tenía 28 años cerró una fábrica que hacía el IES 3CV. Estaba quebrada pero en buenas condiciones para ponerla en funcionamiento, entonces nos reunimos con un grupo de personas para reflotarla”. Pablo quería ponerse a producir y buscaba asociarse con Citroën para tener un respaldo e inmediatamente inició las gestiones para contactarse con la empresa. Lo que siguió a ello fue la más grata sorpresa que un amante del automovilismo puede tener y que hasta el día de hoy lo emociona. Una de las personas que me más lo ayudó a lograr su objetivo fue Juan Manuel Fangio, el quíntuple campeón mundial de Fórmula 1.

 “Yo era un don nadie y lo fui a visitar a Balcarce. Estaba con mis hijos en el museo y me atendió, me escuchó y me dijo que lo vaya a ver a su concesionaria en la calle Montes de Oca en Barracas para contactarme con gente de Citroën“. El encuentro se produjo unas semanas más tarde y Fangio le presentó a uno de los directores de la marca que se encontraba en Argentina a quien le contó su proyecto. Sin embargo, el resultado no fue el esperado. Desde la automotriz francesa le sugirieron que abandone su idea porque tenían la intención de desembarcar en el país para producir. “Se me cayó el mundo porque teníamos la planta lista para hacer ese vehículo pero nos dijeron que no nos  convenía, que ellos venían con otra idea y no nos iban a dar apoyo”.

CAMBIO DE RUMBO

La opción que le dieron a Pablo fue poner concesionarios  y así lo hizo. En 1998 llegó el grupo al país y su empresa creció mucho, pero la idea de hacer algo más seguía latente en su cabeza. Él quería crear algo distinto.

Gracias a la marca tuvo la oportunidad de hacer muchos viajes y ver tendencias alrededor del mundo hasta que en 2010 en el Salón de París conoció a un italiano que estaba exhibiendo un vehículo similar al Sero y quedó maravillado. “Vi que era mecánicamente muy similar al Citroën 3cv y eso es lo que me llevó a querer producirlo. Además no competiríamos con ninguna automotriz porque era algo totalmente distinto. A partir de ahí empezamos a desarrollarlo con papel y lápiz como prototipo”.

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El arranque fue venciendo todos los prejuicios, los de los proveedores e incluso los familiares que lo tildaban de “loco” ante semejante idea. Quien sí confió desde un principio fue su compañero Tito y junto a él le dieron forma a su sueño. Él mismo es quien recuerda que comenzaron en el 2012 en un galpón detrás de la vivienda de Pablo. “Construíamos piezas y adaptábamos otras que estaban en el mercado. También hicimos máquinas para poder hacer esas otras piezas que no teníamos pero no teníamos capital operativo. Los fondos eran acotados”.

UN FUTURO EN LAS CALLES

Si bien cada paso que daban era una suma de nuevos obstáculos, en 2014 pudieron hacer el primer prototipo mecánico de estructura y luego empezaron a comercializarlo en áreas privadas. Esas ventas iniciales les permitieron sostenerse económicamente pero faltaba un escalón más: llevarlos a las calles.

 “No se podía circular por la vía pública porque no había reglamentación. La categoría vehicular en Europa está desde el año 1975. En 2013 empezamos a pedirla en Argentina pero en 2015 cambió el gobierno y hubo que empezar de 0. En enero 2018 logramos que se incluya la categoría vehicular L6D y L7D para vehículos eléctricos. Nosotros ingresamos en la 6 que es un vehículo para dos personas, con cierto peso y que no circula a más de 50 km por hora”.

Hoy el Sero cumple con todas las normas de seguridad para la categoría y están terminando los trámites administrativos para poder patentar los primeros vehículos. Fue un largo recorrido que Pablo proyectó desde el año 2010. Su objetivo es poder producir en escala y conquistar el mercado exterior. Hasta allí llegarán con el mismo empuje y la perseverancia que los trajo hasta este momento. “Hay un futuro muy próspero para nosotros y mi mensaje a los que creen que no se puede lograr cosas es que nada es imposible si uno se lo propone. Nunca bajé los brazos, siempre fui para adelante”.


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