Norberto y Nacho se conocían desde los 4 años. Trabajaban en dos multinacionales, pero los dos buscaban un destino diferente para sus vidas. Ellos arriesgaron todo, y renunciaron a sus trabajos para emprender.

 

Después del colegio los dos se insertaron en el mundo laboral, hasta alcanzar puestos jerárquicos en empresas multinacionales. Pero Nacho había aprendido el oficio de emprendedor de su padre, y estaba decidido a poner esa experiencia en acción.

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Vió que el mercado de productos para celiacos estaba desatendido y lo primero que hizo fue hablar con su amigo de la vida, Norberto, para contarle la idea. A los 3 días ya estaban buscando máquinas para empezar el proyecto.

Pero la máquina extrusora necesaria, costaba más de un millón de dólares. Necesitaban alternativas menos costosas y algún inversor que les proveyera el dinero para empezar.

Miguel, el padre de Nacho, decidió ayudarlos, pero exigió que demostraran que había un negocio viable. Los ahora socios: Nacho y Norberto, armaron un plan de negocios y Miguel vendió un lote para aportar el preciado capital inicial.

La nueva dificultad que tuvieron que resolver estaba asociada directamente con ese capital. El 80% del dinero disponible se usó en la extrusora, y todavía faltaban máquinas por comprar. La falta de previsión, en ese sentido, demoró seis meses la puesta en funcionamiento de la fábrica.

Además, los dos seguían trabajando en relación de dependencia y el emprendimiento seguía estando reducido a pruebas de fin de semana. En ese contexto, Nacho fue el primero en renunciar a su trabajo. Pero a los diez días un accidente lo dejó imposibilitado, lo que supuso un nuevo contratiempo para el incipiente emprendimiento.

En Agosto de 2009 Norberto renunció a su trabajo para poder dedicarse, también él, 100 por ciento al nuevo negocio.

Cuando por fin consiguieron un contrato para el desarrollo de una golosina, la firma contratante fue vendida y ellos se quedaron con el proyecto a medio terminar.

Con un negocio sin rentabilidad y la situación financiera a punto de quebrarlos, San Antonio de Areco, ciudad donde vivían y tenían sus instalaciones, se inundó y volvió a ponerlos al borde del cierre definitivo.

En medio de esa crisis decidieron dar un giro y volcar la producción a los cereales para desayuno. Esa apuesta y la desaparición de quienes eran la competencia, pusieron a Lasfor en un lugar privilegiado.

Desde 2011 Lasfor empezó a crecer, y desde entonces no paran de crear nuevos productos, tienen presencia en todas las cadenas más importantes, y siguen innovando.

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