Esta es la historia de Guillermo y Laura o podríamos también decir de un repartidor de pan y de una profesora de danzas que al recibir la noticia de que iban a ser papas, lejos de preocuparse por sus escasos recursos económicos, usaron el impulso emocional de la gran noticia como puntapié para alcanzar sus sueños.

 


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Todo comenzó en el living de la casa dela mamá de ella como telón de fondo.

Decidieron empezar a empaquetar galletitas y venderlas por el barrio, digamos que esta fue la primera aproximación del gran sueño de Guillermo: “la galletearía propia”. Algo que no estaría tan lejos de suceder pues el éxito incipiente de la venta en el barrio los impulsó a alquilar un local.

Así nació “Galletearía Don Mateo”, que baso su éxito en volver a ser aquella galletería de barrio, donde el autoservicio, la atención cálida de los propios dueños y la variedad de productos y abajo precio enamoraron a la gente y en poco tiempo pasaron de tener un solo local financiado por el papa de Guillermo a contar con 7 locales propios.

El éxito parecía estar de su lado, pero lejos de eso las cuentas no cerraban y los problemas empezaban a crecer en el seno del emprendimiento y también en la familia.

“A Guillermo no le importa lo que le cueste, con tal de llegar al objetivo que se propone” dice uno de sus empleados.

Luego llego el tiempo de las franquicias, “Llegamos a tener 35 locales pero al multiplicarse también se multiplicaron los problemas… y seguíamos siendo sólo dos para todo, envejecimos de golpe”, cuenta Laura.

Frente al incipiente desborde, Guillermo decide vender todos los locales, quedarse con las franquicias y arrancar de nuevo.

Guillermo observa que en el mercado los productos saludables eran un éxito de consumo y ahí decide que su producto estrella seria el alfajor de arroz de tapa redonda.

Las primeras pruebas para lograr un alfajor saludable pero rico no fueron exitosas y lejos de desanimarse buscaron apoyo en una empresa que los asistió en la elaboración del relleno y la cobertura. Una vez más el faltante de dinero parecía ser un problema, pero en esta oportunidad los propios proveedores hicieron las veces de financiadores.
Laura siempre sostiene que trabajar en familia es acompañarse, y eso es lo que hacían.

Con los primeros 500 alfajores en la calle deciden poner a la venta su nuevo producto en los locales que aun poseían. Así, Alfajores Lulemuu al lado de los de la competencia y marca líder en el mercado esperaban la reacción de sus consumidores y la respuesta llego rápido: no vendían ni un sólo alfajor de su propia marca.

Lejos de bajar los brazos, evaluaron lo sucedido y descubrieron que la falla no estaba en el producto sino en el marketing, la gran diferencia la hacía el envoltorio.

Con un nuevo diseño, vuelven a lanzar los Alfajores Lulemuu y finalmente estos jóvenes emprendedores alcanzaron el reconocimiento de la gente.

Luego del alfajor y ya afianzada la marca en el mercado deciden ampliar su línea de producción y así nace la barra de arroz con semillas a la que le siguieron las tostadas y los bizcochos.

“Siempre hay que afrontar el miedo y conocer el límite”, dice Guillermo.

Esta historia arranco hace tan solo 4 años y con éxito y momentos difíciles Guillermo y Laura hoy son los dueños de la tercera marca en fabricación de productos saludables a base de arroz y ya están planificando instalarse en un parque industrial para seguir creciendo.

Ambos creen que la clave es mantener los sueños siempre por delante de tus pasos y decisiones.

Hoy son una familia conformada que le puedendar a sus hijos lo que ellos necesitan y cuentan con casi 40 buenos empleados que los respaldan y sostienen día a día en este camino de emprender y crecer.

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