La relación entre Sergio y Pablo era de cliente-proveedor. Apenas se conocían. Pero vieron una oportunidad y se convirtieron en socios. Compraron matrices y herramientas en un remate y empezaron a producir un producto propio.

 

Aunque tenían mucho futuro en las empresas de sus padres, soñaban con crear su propio camino: “…a las cosas hay que sentirlas y si bien era una empresa familiar, no sentía que era algo que había desarrollado yo”.

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A mediados de 2001, con la gran crisis asomando y con la industria argentina en plena caída, llegó la oportunidad: un proveedor en común les avisó que la firma de herramientas eléctricas más importante del país iba a remate. “Fue casi quien llama primero al otro…” dice Sergio.

El dólar estaba todavía 1 a 1 con el peso. Era imposible competir con el exterior y las fábricas no paraban de cerrar. En el contexto que atravesaba el país las matrices se vendían como chatarra. Nadie les daba el valor que realmente tenían. Y eso los ayudó a poder comprar en ese momento. Un año después hubiera sido imposible comprar los moldes.

Inmediatamente después de adquirir el corazón de la empresa, llegó la crisis de 2001. El peso se despegó del dólar y el paradigma económico cambió por completo. “Trajimos los moldes. Los apilamos. Eran una montaña de fierros. Nos paramos los dos así y dijimos: ¿en qué lío nos metimos?

Al principio, trabajaban en las empresas de sus padres y después de las 18 le dedicaban varias horas al nuevo emprendimiento.

Después de 8 meses sin descansar feriados ni fines de semana, salieron al mercado. Fueron 5 productos y el mercado respondió

Ya con Argentec bien posicionada, Sergio y Pablo decidieron dar otro paso adelante: desarrollar de forma integra una moladora. Producto que no se fabricaba en el país por distintas cuestiones técnicas.

Fue una apuesta enorme, porque pusieron todos sus recursos en el desarrollo del producto.

La máquina salió al mercado después de varios meses, pero los resultados no fueron los esperados: “no lográbamos el nivel de calidad al que nosotros aspirábamos, que era competir con las marcas líderes”.

Si no conseguían solucionar los problemas del producto, corrían el riesgo de terminar como la empresa que habían comprado: cerrados. Y luego de un tiempo, lo lograron.

Hoy la moladora de 4 pulgadas y medio es el producto más vendido y posicionó a la marca como referente por su buen rendimiento y post venta.

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